sábado, 26 de octubre de 2019

[Sueño] Possum

He vuelto a soñar con una especie de roedor al umbral de una puerta. Esta vez, con possums.
Llevo muy poco tiempo sabiendo de la existencia de estos animales; al menos, de su nombre. Pero el otro día leí que a veces comen garrapatas. Que si un ciervo confía en un possum, él se comerá con paciencia todas las garrapatas de su cara.




El pueblo que más frecuento había abierto un hostal donde en vez de pagar dinero por pasar la noche, bastaba con pedir permiso; y ya te llamarían. El vestíbulo tenía conserje, y varias puertas. Algunas se iban ramificando hacia otras estancias, pero yo tenía permiso para entrar en la más sencilla, para pasar una noche.
Un montón de possums estaba a la espera de que alguien abriera una puerta. No lo sabía aún, pero era la puerta donde me iba a alojar. Avisé al conserje. Como no le pareció importar, yo tampoco le di importancia.

En cuanto tuve el permiso para estar en la habitación, me encontré ya dentro. Había dos camas anchas, espacio de sobra para una persona y una ventana por donde el sol entraba difuminado.
Abrí la puerta a medias. El tropel de possums estaba ahí, deseando entrar. No estoy acostumbrado a verlos, de hecho ni siquiera sabía de su existencia hasta hace poco; pero me parecían muy limpios.  El primer possum asomó la cabeza despreocupado. Yo entrecerré la puerta para que reculase, pero el animal insistía; querían entrar todos y él era el explorador. No podía cerrarle la puerta más sin hacerle daño. Resolví dejar entrar a ese primero y cerrar la puerta justo después. Mejor estar a solas con un possum que estar a solas con una cabeza decapitada. Después de hacerlo así, me arrodillé para mirar debajo de las camas.

El possum no estaba cómodo bajo la primera cama. En ese punto se sabía no bienvenido.
Correteó hasta la segunda cama, cuya esquina daba a un hueco iluminado por la luz del sol. En el rincón, se echó en el suelo de costado; como quien se tira a una colchoneta. Como el payaso que se sabe caer a propósito.

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