sábado, 15 de junio de 2019

Teatro Deakí: cada cual con su mochila

No se sube al escenario hasta haber soltado la mochila. Cada cual trae su propia carga, y sólo se disuelve hablándola o guardándola. Por eso la clase suele tardar un minuto más en comenzar; pero una vez subes, el tablado se convierte en un panal zumbante de abejas. Todas volando en su propia dirección; vibrando más y más; reconociendo los caminos del resto, y reinventando uno propio mejor.

Ya nos hemos hecho con el espacio. Nuestras articulaciones han crujido y han cantado todo lo que podían. Lo que podían, pues hay quien no puede desplegarse de aquella forma imaginada. Hay mayores, hay jóvenes; hay quien viene a ver, y comparte lo que ya ha visto. Cada cual inspira y espira a su ritmo, ya estemos brincando, contemplando, o esperando sobre una silla.

Hoy no toca montaje. El guion está ocioso y se entretiene arrugándose las esquinas. Hoy toca taller. Cada uno se monta a sí mismo, con apoyo de todos. A cada minuto que pasa, los focos pierden más su función, pues la función verdadera se gesta por dentro.

Que conste en acta para los cínicos: jugar es muy divertido.
Desde una misma premisa, multiplicamos las perspectivas. Podemos revivir en una sola sesión a todos los Sherlock Holmes que conocíamos, y además a Herlock Sholmes.
Tras haber subido a lo alto del torreón, hay que descender. Aquí se respeta la importancia del epílogo.
Para bajar de nuevo al gentío, nos servimos de unas esterillas. Puede que sean estrechas, pero son nuestras alfombras mágicas. Nos tumbamos en ellas. Las luces también deben bajar. Respiramos por todas esas partes de nuestro cuerpo que nunca dicen yo.
Es la coda; no queda nada que hacer.

En estos momentos no echas de menos otra voz que no sea la del silencio. Te está acompañando, mirando al cielo. Estaba ahí.
Cuesta un poco regresar.

Bajamos del escenario, ya sin prestar tanta atención. Nos acordamos más de lo que viene después. Hay quien mantiene el contacto con el silencio también el resto de la semana. Puedas o no, siempre te queda otra sesión de teatro para soltar un momento tu mochila. Para volver a sentir tus propios hombros.

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