Muertos los lobos, ¿es mejor que los jabalíes se porten discreto, o que pisen con fuerza al pasar?
NOTA:
Unos días después, sucedió lo relatado en mi entrada Los jabalíes van a la city, y puedo responder: con fuerza. Que se les oiga de lejos, por favor.
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lunes, 2 de septiembre de 2019
Aforismo de los jabalíes
domingo, 1 de septiembre de 2019
Ejercicio buñueliano
En tiempos del surrealismo y el dadá, Buñuel y sus amigos hacían el experimento de entrar en una sala de cine a medias de la película y salir en el momento en que empezasen a entender algo. Las entradas no costaban 10 euros, pero creo que se entiende la intención.
Yo probé a ver el primer capítulo de una nueva serie japonesa. Normalmente veo estas cosas con subtítulos en inglés, porque aunque ya capto vocabulario, el japonés se me escapa a la mínima en que se pongan coloquiales.
Cuando te arrojas sin cuerdas a la información visual, puede que no entiendas qué están diciendo, pero todo se convierte en un misterio. Todo entra sin filtros que te protejan, tanto para lo malo como para lo bueno. Como todo está en otros códigos, te puedes abrir más a lo que te ofrecen, ya que sientes que es la primera vez que ves algo así.
Series como Twin Peaks trabajan esta concepción del misterio. Es posible que lo que tratan de contarte sea relleno para facilitar un estado de ánimo que te permita experimentar algo superior al final del capítulo.
Lo importante es poder rellenar tú los huecos, igual que cuando eras peque y no entendías algunas escenas pero no por ello te aburrías.
Yo lo veo como el ejercicio de profundizar en los detalles de un sueño. Con la diferencia de que un sueño no se recuerda bien y tiendes a añadirle detalles que se te han ocurrido después, y las películas se pueden volver a ver.
En un mundo donde los productos audiovisuales han dejado de ser pocos y doblados, existen más posibilidades de encontrar material exótico con el que ejercitar este tipo de contemplación. Puede que encuentres una posibilidad que no sabías que necesitabas. Puede que desengrases tus neuronas y después hiles mejor las cuentas. O puede que, sin más, encuentres tu nueva serie favorita.
Yo probé a ver el primer capítulo de una nueva serie japonesa. Normalmente veo estas cosas con subtítulos en inglés, porque aunque ya capto vocabulario, el japonés se me escapa a la mínima en que se pongan coloquiales.
Cuando te arrojas sin cuerdas a la información visual, puede que no entiendas qué están diciendo, pero todo se convierte en un misterio. Todo entra sin filtros que te protejan, tanto para lo malo como para lo bueno. Como todo está en otros códigos, te puedes abrir más a lo que te ofrecen, ya que sientes que es la primera vez que ves algo así.
Series como Twin Peaks trabajan esta concepción del misterio. Es posible que lo que tratan de contarte sea relleno para facilitar un estado de ánimo que te permita experimentar algo superior al final del capítulo.
Lo importante es poder rellenar tú los huecos, igual que cuando eras peque y no entendías algunas escenas pero no por ello te aburrías.
Yo lo veo como el ejercicio de profundizar en los detalles de un sueño. Con la diferencia de que un sueño no se recuerda bien y tiendes a añadirle detalles que se te han ocurrido después, y las películas se pueden volver a ver.
En un mundo donde los productos audiovisuales han dejado de ser pocos y doblados, existen más posibilidades de encontrar material exótico con el que ejercitar este tipo de contemplación. Puede que encuentres una posibilidad que no sabías que necesitabas. Puede que desengrases tus neuronas y después hiles mejor las cuentas. O puede que, sin más, encuentres tu nueva serie favorita.
jueves, 29 de agosto de 2019
Pleno en marcha
Las sillas y mesas dan una ilusión de permanencia nada sana.
Los plenos de ayuntamiento deberían hacerse en un autobús.
Los plenos de ayuntamiento deberían hacerse en un autobús.
viernes, 23 de agosto de 2019
Flash corre mucho, pero no sé si aguantaría un año
Tengo que tener cuidado con los proyectos que se me ocurren en momentos de tiempo libre y alegría vital. Luego llegan los imprevistos y no estoy a la altura. Hace poco se me ocurrió una idea que me gustó bastante. Conllevaba un trabajo importante de edición digital. Ante el primer problema insinuado, me puse en guardia. Hay cosas de las que no debo depender.
Pensé entonces en una alternativa para hacer el mismo proyecto, pero sin tantísimos cabos por atar. ¿Había una forma de contar la misma historia con menos medios y en menos tiempo?
Sorprendentemente, sentí que la versión cutre del proyecto era más graciosa. Y sobre todo, sostenible.
Pensé entonces en una alternativa para hacer el mismo proyecto, pero sin tantísimos cabos por atar. ¿Había una forma de contar la misma historia con menos medios y en menos tiempo?
Sorprendentemente, sentí que la versión cutre del proyecto era más graciosa. Y sobre todo, sostenible.
miércoles, 7 de agosto de 2019
Agosto cierra por las tardes
La biblioteca que más frecuento ha decidido cerrar por las tardes durante la temporada de baja afluencia de agosto.
Hace años tenía el horario de una biblioteca de pueblo pequeño. Podríamos decir que tenía horario de tienda; incluso cerraba a la hora de comer.
O sea, que las personas que nos concentramos mejor a horas menos asiduas vimos por unos años la ampliación de horarios como un derecho ganado. Creo que al menos así lo sintió el señor que hoy se quejaba en la entrada. Un sencillo hombre mayor con bastón que hablaba a todo el que le quisiera escuchar acerca de las injusticias que temía volver a experimentar.
Yo me sentía cansado cuando me iba, pero no por eso me pesa menos no haberme quedado a escuchar sus argumentos.
Una mamá le daba la razón sin comprometerse demasiado, en ese umbral donde sigues la corriente a alguien un rato para no cometer el desplante de marcharte sin más.
Otra mujer, acompañante de la nueva responsable del centro, le respondía que la concejala no estaba robando el dinero de nadie, sino trabajando por todos los vecinos.
Quizá aquel señor sí necesitaba que alguien le siguiera la corriente.
Cuando no hay más remedio que acortar servicios, la gente no necesariamente expone quejas como medio de forzar el regreso de su rutina. No al menos tanto como que escuchen y acepten la validez de su situación.
martes, 6 de agosto de 2019
No ha pasado un ángel
Sabes que con qué gente estás cuando después de horas de conversación nunca llega a producirse un silencio unánime.
Sabes con qué personas estás cuando se produce un silencio unánime y también se goza.
Sabes con qué personas estás cuando se produce un silencio unánime y también se goza.
domingo, 4 de agosto de 2019
Bilis
Momento duro. Tengo muchas cosas que escribir pero un bug mental convierte todo en basura prejuiciosa. Suelo distinguir entre prejuicio y reflexión, por eso no deseo publicarlo.
Por otro lado, lo mejor de todo me lo tengo que guardar para que las leyes de derechos de autor no jueguen en mi contra.
Cuando acaben las vacaciones de verano, retomaré el club de escritura.
Por otro lado, lo mejor de todo me lo tengo que guardar para que las leyes de derechos de autor no jueguen en mi contra.
Cuando acaben las vacaciones de verano, retomaré el club de escritura.
lunes, 29 de julio de 2019
Aquella cueva sí existe
El libro Cuevas, simas y minas de Madrid (Ediciones La Librería) analiza en detalle el estado de diversas cavidades de la provincia. Cuenta con más de 300 páginas de datos, fotografías, coordenadas y croquis.
Casi al final, también dedica una página a enumerar una lista de cavidades no localizadas. Cuevas de los que se conservan registros y rumores, pero que los miembros del Grupo de Espeología de Getafe no lograron localizar allá por el 2015.
Una de esas cuevas ilocalizables me interesaba. Me la había imaginado en diversas áreas por las que nunca he caminado. Pero hoy pude leer cómo se accedía hasta ella gracias a un generoso senderista que dio testimonio en redes sociales, llegando a compartir un vídeo del interior.
Esta cavidad tiene el tamaño de unos soportales antiguos, que se estrechan hacia dentro. Daba gloria verlo sin basura ni pintadas caprichosas. Se ha conservado tan bien precisamente porque nadie suele saber dónde está.
Vale la pena guardar registro público de simas y otros agujeros por los que alguien se pueda escurrir, pero parte del encanto de ciertos lugares es que los conozcas adentrándote en el terreno con respeto.
Casi al final, también dedica una página a enumerar una lista de cavidades no localizadas. Cuevas de los que se conservan registros y rumores, pero que los miembros del Grupo de Espeología de Getafe no lograron localizar allá por el 2015.
Una de esas cuevas ilocalizables me interesaba. Me la había imaginado en diversas áreas por las que nunca he caminado. Pero hoy pude leer cómo se accedía hasta ella gracias a un generoso senderista que dio testimonio en redes sociales, llegando a compartir un vídeo del interior.
Esta cavidad tiene el tamaño de unos soportales antiguos, que se estrechan hacia dentro. Daba gloria verlo sin basura ni pintadas caprichosas. Se ha conservado tan bien precisamente porque nadie suele saber dónde está.
Vale la pena guardar registro público de simas y otros agujeros por los que alguien se pueda escurrir, pero parte del encanto de ciertos lugares es que los conozcas adentrándote en el terreno con respeto.
domingo, 28 de julio de 2019
Mendigos colorinchis
En un banco de la avenida, una pareja de jóvenes amables pedía dinero para comer. Sin voces lastimeras, bien limpios, con su perro echando la siesta donde no molestara.
Ninguno de los viandantes los tomó en serio. Estarían esperando a que llegasen a ese punto donde toda ayuda es inútil y no pueden remontar. A cuando la voz nace ya rota; a cuando no merece la pena limpiarse porque dormir ensucia; a cuando el perro se queda tumbado no por educado sino porque se quedó toda la noche alerta.
¿Vale la pena mostrar simpatía cuando los demás sólo te aceptan medio muerto?
Ninguno de los viandantes los tomó en serio. Estarían esperando a que llegasen a ese punto donde toda ayuda es inútil y no pueden remontar. A cuando la voz nace ya rota; a cuando no merece la pena limpiarse porque dormir ensucia; a cuando el perro se queda tumbado no por educado sino porque se quedó toda la noche alerta.
¿Vale la pena mostrar simpatía cuando los demás sólo te aceptan medio muerto?
viernes, 26 de julio de 2019
El paisaje interior
Recuerdo más sueños de los que luego cuento. Es sólo que no son material de cuento.
A veces, sueñas con cosas que no son interesantes por sí mismas, pero toda la experiencia está cubierta de un ambiente emocional —un sabor psicológico— que la hace única. Como si te asomases a tu futuro y percibieras tu estado anímico sin haberte puesto en contexto de todo lo que ha pasado entre medias.
Imaginemos que las cuatro estaciones del año se dieran a lo largo de toda una vida.
El corazón de un niño sería un jardín florido. Si se asomara en sueños a otra estación, experimentaría colores nunca antes vistos, y al despertar no sabría como expresar los tonos de la hierba. Porque además su entorno insistiría en saber los detalles de los eventos externos: qué pasaba, quién más aparecía, etc.
Bajo ese prisma, una dimensión importante de lo soñado se pierde. Es como grabar con una videocámara la proyección de una película.
El paisaje interior, el color del corazón, no es algo que se pueda describir en palabras de un modo entretenido. Quizá como un gozo estético. Un poema, una pintura. Una expresión artística, que puede resonar en otra persona.
En el mejor de los casos, es un paisaje más hermoso que el cotidiano. En el peor de los casos, es demasiado hermoso.
A veces, sueñas con cosas que no son interesantes por sí mismas, pero toda la experiencia está cubierta de un ambiente emocional —un sabor psicológico— que la hace única. Como si te asomases a tu futuro y percibieras tu estado anímico sin haberte puesto en contexto de todo lo que ha pasado entre medias.
Imaginemos que las cuatro estaciones del año se dieran a lo largo de toda una vida.
El corazón de un niño sería un jardín florido. Si se asomara en sueños a otra estación, experimentaría colores nunca antes vistos, y al despertar no sabría como expresar los tonos de la hierba. Porque además su entorno insistiría en saber los detalles de los eventos externos: qué pasaba, quién más aparecía, etc.
Bajo ese prisma, una dimensión importante de lo soñado se pierde. Es como grabar con una videocámara la proyección de una película.
El paisaje interior, el color del corazón, no es algo que se pueda describir en palabras de un modo entretenido. Quizá como un gozo estético. Un poema, una pintura. Una expresión artística, que puede resonar en otra persona.
En el mejor de los casos, es un paisaje más hermoso que el cotidiano. En el peor de los casos, es demasiado hermoso.
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martes, 23 de julio de 2019
100 años de Oesterheld
En otra línea de tiempo, Héctor Germán Oesterheld sobrevivió a la nieve y llegó a presenciar la sequía.
martes, 16 de julio de 2019
Propuesta para las bibliotecas públicas
Ya sé que existen los termos, pero ¿saben qué hace falta en las bibliotecas públicas?
Unas mesitas en el vestíbulo para tomarse el café de máquina mientras estudias.
Al menos en la mayoría de las bibliotecas de Madrid, aunque tengan las máquinas de vending dentro, tienes que tomarte el café fuera.
Es lógico.
Es comprensible.
Sin embargo, hace poco acompañé a mi familia a un concesionario y tenían mesitas al lado de la máquina de café. No exagero: ahí pude escribir del tirón más de lo que acostumbro en las bibliotecas durante un día entero.
Solamente necesito tener el vaso encima de la mesa y poder dosificármelo a lo largo de un buen rato, en lugar de encasquetármelo de un par de tragos por miedo a que no me muevan las cosas mientras estoy fuera.
No quiero irme al bar, ahí ponen radiofórmula de fondo. Quiero escribir en la biblio con el vasito al lado.
Unas mesitas en el vestíbulo para tomarse el café de máquina mientras estudias.
Al menos en la mayoría de las bibliotecas de Madrid, aunque tengan las máquinas de vending dentro, tienes que tomarte el café fuera.
Es lógico.
Es comprensible.
Sin embargo, hace poco acompañé a mi familia a un concesionario y tenían mesitas al lado de la máquina de café. No exagero: ahí pude escribir del tirón más de lo que acostumbro en las bibliotecas durante un día entero.
Solamente necesito tener el vaso encima de la mesa y poder dosificármelo a lo largo de un buen rato, en lugar de encasquetármelo de un par de tragos por miedo a que no me muevan las cosas mientras estoy fuera.
No quiero irme al bar, ahí ponen radiofórmula de fondo. Quiero escribir en la biblio con el vasito al lado.
lunes, 15 de julio de 2019
Ser niño...
Ser niño es la inocencia, el asombro y la curiosidad.
Pero también es reírse de Louis Armstrong moribundo.
domingo, 14 de julio de 2019
Creo que las historias eróticas se estructuran así
1. Párrafo de declaración de intenciones.
2. Introducción de protagonista o detonador del conflicto. Ejemplos:
3. Enmedio pasa algo gradual para meter tensión a la par que se propicia la escena coyuntural.
4. Escena erótica que dure por lo menos un cuarto de la duración global de la historia.
5. Párrafo para rematar o epílogo, donde todo en la vida del personaje central esté mejor gracias a haber chingado.
2. Introducción de protagonista o detonador del conflicto. Ejemplos:
- Joven inocente que llega a la universidad.
- Cincuentañera insatisfecha con su matrimonio.
- Monja novicia que entra a un convento donde hacen cosas raras.
- Un Highlander o incluso más de uno (apuesta segura).
- Androide cachondo del futuro.
- Extraterrestre salido (quizá también del futuro).
- Deportistas que tardan demasiado en ducharse.
3. Enmedio pasa algo gradual para meter tensión a la par que se propicia la escena coyuntural.
4. Escena erótica que dure por lo menos un cuarto de la duración global de la historia.
5. Párrafo para rematar o epílogo, donde todo en la vida del personaje central esté mejor gracias a haber chingado.
viernes, 28 de junio de 2019
Experiencias de un estreno teatral
El pasado 22 de junio, las buenas gentes del Teatro Deakí estrenamos Doce sin piedad, una adaptación propia de la obra de Reginald Rose Twelve angry men (Doce hombres sin piedad / Doce hombres en pugna). Una vez descansado, estas son mis impresiones.
Faltaba una hora para el estreno y yo estaba preocupado. No por mis compañeros, sino porque yo no estaba sintiendo ese fervor de todos los estrenos. Lo que hace que una interpretación se sienta siempre viva es ese nerviosismo. Habrá quien no lo sienta igual, pero considero que cuanto mayor es tu pánico escénico, mejor podrás llegar a actuar. Y me preocupaba no tener la vibra adecuada para mantener mi pulso interpretativo.
Empecé a ponerme nervioso el telón estaba a punto de abrirse y escuché a un cenutrio del público hacer un comentario de cenutrios. Hay gente que cree que humildad es pobreza. No, humildad es guardar silencio ante un evento que está floreciendo delante de ti.
Los primeros minutos fueron bien. Aún no tenía texto y me encanta expresar con el cuerpo. Pero cuando pasé mi primer par de líneas, me entró un nosequé que no sé cómo. Culpa mía, por ponerme café en el termo. Resultó que mi ánimo inicial ya era perfecto, y si hubiera bebido sólo agua quizá me habría centrado mejor. La energía actoral no es la misma antes de abrir el telón que después.
Las intervenciones pueden ser obvias —líneas de diálogo— o sutiles —puras miradas, posición de las manos—, pero estoy satisfecho porque en todo momento di todo lo que pude.
Del resto, lo único reseñable fue algo que me puso melancólico. Había leído que podía suceder, pero aún no lo había experimentado. La foto de cartel era de todo menos risueña. No obstante, y como ya avanzaba el comentario cenutrio de cuando se abrió el telón, a veces la gente sólo viene a reír. En las partes de humor se rieron. Pero en la más trágica también.
Sé que en la siguiente función lo haremos mejor, pero me siento en buena parte responsable de que el tono del estreno se torciese. Cuando adapté el primer borrador del guion, iba hasta arriba de café y me creía muy ingenioso. Ahora he pagado por mi jocosidad. Niños, no tomen drogas.
viernes, 21 de junio de 2019
Cucharas que no escuchan en platos de tenedor
Hay quien habla de las condiciones de otros como si las opiniones fueran gratis. Dicen que lo respetan pero que no lo entienden, o que les gustaría saber la causa.
Respetar esas condiciones conlleva dar opiniones después de haberse informado. No en decir que los niños se van a confundir cuando son ellos los confundidos.
Si de verdad respetasen estos temas, aceptarían que no tienen nada nuevo que aportar y se abstendrían de intervenir.
El ego quiere meter la cuchara donde hay filete y se queja de que no saca nada.
Respetar esas condiciones conlleva dar opiniones después de haberse informado. No en decir que los niños se van a confundir cuando son ellos los confundidos.
Si de verdad respetasen estos temas, aceptarían que no tienen nada nuevo que aportar y se abstendrían de intervenir.
El ego quiere meter la cuchara donde hay filete y se queja de que no saca nada.
domingo, 16 de junio de 2019
Un movimiento audaz
Una colega del taller de teatro vino con su hija. Al salir charlamos todos un poco. La hija me recordaba a mí a su edad. Fue grato ver cómo su madre la amaba de forma incondicional. Cómo sentía que sus gracias tenían gracia.
Sucedió un momento auténtico.
La madre había traído una tableta de chocolate con almendras para su hija, pero después de darle su buen pedazo, ofreció también a las otras cuatro o cinco personas que estábamos presentes.
Yo quería chocolate, así que hice lo que insistiré en llamar Un Movimiento Audaz, porque si me lo hubiera propuesto desde los sesos y no desde el corazón, me hubiera dado vergüenza hacerlo.
Así pues, aunque era la madre quien me estaba ofreciendo el chocolate (y seguramente quien lo había pagado), le pregunté a la niña:
—¿Me dejas? —y como ella no se esperaba mi pregunta, repetí— ¿Me dejas?
La pequeña, legítima propietaria del chocolate, asintió, y así pude comer también.
Sorprendida y entre risas, la madre me dijo:
—Eres el único adulto que le pide permiso a una niña.
Por supuesto, hay que pedir permiso.
Sucedió un momento auténtico.
La madre había traído una tableta de chocolate con almendras para su hija, pero después de darle su buen pedazo, ofreció también a las otras cuatro o cinco personas que estábamos presentes.
Yo quería chocolate, así que hice lo que insistiré en llamar Un Movimiento Audaz, porque si me lo hubiera propuesto desde los sesos y no desde el corazón, me hubiera dado vergüenza hacerlo.
Así pues, aunque era la madre quien me estaba ofreciendo el chocolate (y seguramente quien lo había pagado), le pregunté a la niña:
—¿Me dejas? —y como ella no se esperaba mi pregunta, repetí— ¿Me dejas?
La pequeña, legítima propietaria del chocolate, asintió, y así pude comer también.
Sorprendida y entre risas, la madre me dijo:
—Eres el único adulto que le pide permiso a una niña.
Por supuesto, hay que pedir permiso.
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miércoles, 12 de junio de 2019
Sintetizar texto para actores
Este año, aparte de colaborar como actor en el taller dirigido por mi amiga Saskia Sánchez de Agüero, participé en la adaptación de la obra. Era Doce hombres sin piedad (Reginald Rose, 1954), un texto largo y prolijo lleno de iteraciones.
Con la mejor de mis intenciones, probé a acortar buena parte de las líneas de diálogo sintetizando el contenido. Así habría menos palabras que memorizar y se agilizaría el ritmo. ¡Pobre iluso! En mis propias carnes sufrí mi decisión.
Cuando memorizamos textos, es más fácil hilarlo todo cuando cada línea lleva a la siguiente de forma fluida. Pero cuando está todo tan sintetizado que se salta de una premisa a la siguiente obviando lo obvio, es el reparto quien debe seguir el hilo en su imaginación.
¡Con tal de ahorrarles pasos a mis colegas, los puse a saltar a la pata coja!
Así pues, para que sirva de anotación para el futuro: más vale dejar a los actores de teatro una línea de sobra a que de tanto quitarles hebras se queden deshilachados.
Con la mejor de mis intenciones, probé a acortar buena parte de las líneas de diálogo sintetizando el contenido. Así habría menos palabras que memorizar y se agilizaría el ritmo. ¡Pobre iluso! En mis propias carnes sufrí mi decisión.
Cuando memorizamos textos, es más fácil hilarlo todo cuando cada línea lleva a la siguiente de forma fluida. Pero cuando está todo tan sintetizado que se salta de una premisa a la siguiente obviando lo obvio, es el reparto quien debe seguir el hilo en su imaginación.
¡Con tal de ahorrarles pasos a mis colegas, los puse a saltar a la pata coja!
Así pues, para que sirva de anotación para el futuro: más vale dejar a los actores de teatro una línea de sobra a que de tanto quitarles hebras se queden deshilachados.
lunes, 10 de junio de 2019
Teatro leído: MEDEA
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| Medea, de Frederick Sandys (1829–1904) |
No es la primera vez que mi club de lectura recita a Eurípides. Hemos llegado a leer Medea en la plaza del Callao, con unas túnicas blancas hechas de pancartas viejas. Fue cuando pasó Jaime Blanch y me vio disfrazado de Jasón. Me hizo ilusión haberlo hecho sentir como en El Ministerio del Tiempo.
Esta vez ha sido la que menos efectismos hemos preparado y la más memorable hasta la fecha.
El Espacio Vecinal Montamarta —al este de Madrid—, quiso celebrar sus cinco años de cinefórum proyectando la película Medea (1988) de Lars von Trier. Y sabiendo que teníamos Medea en repertorio, nos ofrecieron abrir la sesión con una lectura dramatizada.
Perdona, Eurípides, pero creo que una de las razones por las que nos salió tan bien fue porque quitamos una frase. Al final del todo, en lo más virulento —tremendo SPOILER—, el corifeo explica a Jasón que sus hijos fueron asesinados por Medea. Lo que Jasón responde tiene mucho sentido como acotación integrada en la acción; pero sinceramente, para el lector moderno queda risible.
JASÓN
¿Dónde los mató? ¿Dentro o fuera de la casa?
A ver, Jasón, ¿qué importará si fue dentro o fuera? ¡No te hagas el detective, ya sabes que lo hizo la madre!
En todas las ocasiones en que hemos leído la obra, traté de interpretarlo del modo menos gracioso posible, pero igualmente aquella frase de dentro o fuera sacaba una sonrisa en nuestro propio equipo. Esta vez, la tachamos. Y la corriente de pathos se disparó sin cortapisas.
Otro factor del éxito de nuestro acto fue la predisposición del público. Cuando la audiencia viene atenta desde casa, nosotros podemos probar técnicas más sutiles porque la mayoría las va a captar.
Quizá los disfraces jugaron en nuestra contra las otras veces.
El teatro, en cualquiera de sus formas, no es como el hockey, donde le das a un coso con un palo; el teatro se parece más al curling, porque tienes que andar barriendo frenéticamente delante del coso para que parezca que se mueve solo.
Pero el factor más importante fue que era una experiencia compartida. En otras ocasiones, el público estaba delante, al final nos decía que les había gustado, pero faltaba la catársis.
Hoy escuché a una señora sollozar levemente. No sé qué pensó el resto de mis compañeras, pero en ese momento me propuse hacerla llorar ríos. Sin obcecarme, entré en la emoción precisa. Esto ya no sería una mera introducción a la película. Nuestra lectura iba a ser como esas porciones de pizza que sirven antes de las cenas de boda para que no salgas con hambre. La gente no habría venido por ello, pero sin duda volverían a casa satisfechos porque el resto de la noche tuvo sentido.
viernes, 7 de junio de 2019
Tratado sobre la maldad
Así como el frío sólo existe como ausencia del calor, el mal es el frío de un corazón alejado de la luz. Si conociera el bien, jamás haría lo que llamamos el mal.
El mal —el no bien— se fundamenta en una justicia mórbida que ha perdido toda mesura. A ojos del cegado por tal neblina moral, sus actos podrán ser feos, pero siempre justificados.
En todas las historias —ya sean reales o de ficción—, el hombre justo está lleno de dudas, mientras el villano tiene una razón sustentando cada una de sus maldades.
Alejado de su propio camino, el hombre en la sombra no sabe que su camino existe; mucho menos reconoce el de los demás. Avanza agrediendo con tal de no decir la verdad: tiene miedo.
El miedo no es el mal, pero es lo que perpetúa su sustancia.
El miedo es lógico.
El miedo es razonable.
Es el mal lo que lo convierte en un problema real.
El mal —el no bien— se fundamenta en una justicia mórbida que ha perdido toda mesura. A ojos del cegado por tal neblina moral, sus actos podrán ser feos, pero siempre justificados.
En todas las historias —ya sean reales o de ficción—, el hombre justo está lleno de dudas, mientras el villano tiene una razón sustentando cada una de sus maldades.
Alejado de su propio camino, el hombre en la sombra no sabe que su camino existe; mucho menos reconoce el de los demás. Avanza agrediendo con tal de no decir la verdad: tiene miedo.
El miedo no es el mal, pero es lo que perpetúa su sustancia.
El miedo es lógico.
El miedo es razonable.
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