Mostrando entradas con la etiqueta Literatura. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Literatura. Mostrar todas las entradas

jueves, 5 de septiembre de 2019

[Sueño] Colándome a base de elipsis

Era un sueño en el que hacía viajes imposibles en unos segundos. Paseaba por mi pueblo, iniciando por el extremo de una carretera que acaba en bosque.
De repente me daba cuenta de que estaba en un pasillo largo. Era un evento de cómics muy grande, con tres plantas llenas de actividad. Más que como un típico Salón del Cómic, con sus tiendas de Feria del Libro donde solamente te muestran lo que más se vende, la tercera planta era como una biblioteca. Sin tenderos que miren lo que estás mirando. Solamente estantes. Allí estaban clasificados adecuadamente todos los tomos y volúmenes editados, y no tenías más que pagar al final.

Uy, no había pagado la entrada.
Había viajado por una especie de elipsis narrativa y recién recordaba que yo había alcanzado el pabellón directamente desde el oeste —quién sabe si en forma etérea—, y por el oeste estaba abierta una ventana del baño. Del tercer piso. Tuve un poco de miedo de que me fuesen a detener a la salida por no llevar la —antigua— calcomanía en el dorso de la mano.
No me había colado por gusto. Es que las elipsis resumen y sintetizan todo lo que es posible. Si por el norte requería media hora de fila para comprar entradas y otra hora de otra fila para entrar al pabellón, y por el oeste había una ventana abierta, la elipsis tiende a entrar por el baño de la tercera planta.

Miré las estanterías un rato. Enseguida me aburrí, porque normalmente en los sueños no puedes leer. Digamos que miré un par de lomos de volúmenes con texturas neuronales pegadas de mis recuerdos de la biblioteca. Nada serio.
Iba a bajar a la segunda planta, cuando unos jóvenes improvisaron un juego que implicaba formar un muro de personas.

Tiré otra vez de elipsis y —no sé cómo, quizá por otro baño—, llegué a la calle de una compañera de teatro. Para entrar con un coche, su calle es la más rebuscada y la que requiere dar más vueltas.
Mis elipsis oníricas ahorran un montón de escenas aburridas.




Este sueño continúa en la entrada de mañana:

miércoles, 4 de septiembre de 2019

El Juan del oso cavernario

Siempre que veo un libro de El clan del oso cavernario, fantaseo con que existe un escritor de novelas prehistóricas que se llama Juan Manuel.

martes, 27 de agosto de 2019

Subtítulos y la brevedad

A veces, como afición, traduzco subtítulos de series que nunca se van a licenciar. Como escritor, el hábito me benefició.

En los subtítulos, lo normal es que no siempre quepa todo lo que tienes que poner en ese segundo y medio. Tendrás que hacer malabarismos, incluso anexionar la línea de detrás o de delante. Todo por ser fiel a lo que hubieran escrito los guionistas originales si en vez de ser de Osaka fueran de Móstoles.

Así, haciendo un leve esfuerzo un línea tras otra, empiezas a dominar el arte de la síntesis. Han pasado unos meses y sabes calcular al peso la potencia de una palabra.
Puede que la primera vez que gané un concurso de microrrelatos fuera por hablar de temas mesiánicos, pero yo pongo mi apuesta en la elección en el momento preciso de la palabra quebrar. En la combinación de contexto, tremendismo solapado, brevedad y café.

Además, como tienes que fijarte en cada línea de diálogo, eres capaz de analizar los trasfondos y estructuras más a fondo. Incluso de los peores capítulos puedes aprender. Siempre llega ese momento en el que dices: «Oh, no... ¡Esto me recuerda al episodio del malo que se disfraza de la hermana pequeña!» Y ya no cometes el mismo error.

Por último, en un mundo donde es difícil aquietar la mente y disponer el ánimo para la escritura, traducir subtítulos te permite practicar la escritura sin que entorpezca el autojuicio. Todo lo que vayas a escribir ya se le ocurrió a otro. No te preocupes de la reputación que te vaya a dar el resultado, aún no he conocido a nadie que haya ligado por estar en un fansub.
Puedes olvidarte de la buena marcha de la trama, porque lo que los personajes necesitan de ti es que transmitan la emoción adecuada en cada escena.
Pequeños objetivos que dan grandes frutos. Microgestión desapasionada y altruísta de unas tareas que necesitas ejercitar.

Y además, habrá más gente que pueda ver las series que te gustan.
Al fin y al cabo, escribes lo que escribes porque crees en su importancia, ¿no?

viernes, 16 de agosto de 2019

Bosque quemado, flora nueva (2)


En la idea de la novela breve, no sé cómo, se me ocurrió el mismo final en dos puntos distintos. Lo imaginé en un sitio y a las pocas horas en otro.

El primer final daba el punto de partida de una nueva historia, de la que este relato había sido un mero prólogo.
El segundo final tenía más sentido en la teoría, pero no daba la misma emoción.
La mayor emoción del segundo era imaginármelo filmado en cierta locación.

Lo he dejado en barbecho para no supeditarlo a la fuerza a una emoción puntual de verano.

domingo, 4 de agosto de 2019

Bilis

Momento duro. Tengo muchas cosas que escribir pero un bug mental convierte todo en basura prejuiciosa. Suelo distinguir entre prejuicio y reflexión, por eso no deseo publicarlo.

Por otro lado, lo mejor de todo me lo tengo que guardar para que las leyes de derechos de autor no jueguen en mi contra.

Cuando acaben las vacaciones de verano, retomaré el club de escritura.

jueves, 1 de agosto de 2019

13, Rue de San Jerónimo

Muchos dicen que la serie Aquí no hay quien viva —y por consiguiente, el remake La que se avecina— proviene de 13, Rue del Percebe. Nunca he prestado demasiados oídos a esa teoría. Después de todo, las diferencias con tal cómic son demasiadas.

Francisco Ibáñez dibujaba en dichas historietas una serie de chistes autoconclusivos e intercambiables, hasta el punto de que hace algunos años, a la par que el recopilatorio integral, se editó Un libro como una casa, un desplegable del bloque de viviendas en el que cada viñeta —cada casa— consistía en un librito de bolsillo con los mejores momentos de dicha casa. Cada cual podía elegir qué chiste era el que quería tener de cara al exterior. Una ingeniosa idea que mezclaba el medio del cómic con lo estético de un buen diorama.
Aunque una ciudad entera se hubiera comprado ese libro desplegable, sería muy difícil que en alguna casa se repitiera la elección de viñetas expuestas. No existe una continuidad a la que aferrarse, salvo quizá la del científico que se mudó para ceder el sitio a un sastre.

En cambio, las series arriba mencionadas centran su humor en la interacción de los distintos vecinos. Por mucho que las cortinillas de entrada parezcan hacer alusión a 13, Rue del Percebe, es una similitud superficial. Y además, Ibáñez ya había visto una idea similar en el cómic francobelga, por lo que tampoco merece la pena obsesionarse en hilar semejanzas.

A lo que de verdad se parece Aquí no hay quien viva es a la película La comunidad (Álex de la Iglesia, 2000). Pienso en esa película como un reflejo negativo del mismo universo. Dos rostros en común —Mariví Bilbao y el recientemente fallecido Eduardo Gómez— nos dan el punto de ancla. La diferencia es el tono de humor. El filme recompensa a quien conoce viejas marcas de identidad, mientras que las dos series tratan de acercarse todo lo posible a un público que ni siquiera tiene por qué haber visto nada antes.

martes, 23 de julio de 2019

100 años de Oesterheld

En otra línea de tiempo, Héctor Germán Oesterheld sobrevivió a la nieve y llegó a presenciar la sequía.

miércoles, 17 de julio de 2019

Inicio descartado de relato sin sustancia

En su búsqueda por obtener una veneración mayor por parte de los helenos, el panteón griego se desgajó de sus peores pecados y los arrojó lejos, a las tierras próximas al monte Etna.

Bajo otro nombre, las sombras de los dioses helenos forjaron una nueva historia.

El germen desde el que se proyectó esa diferencia de calidad en el mal surgió de su mismo génesis. Allí donde el hijo del cielo, Cronos, engulló a sus hijos como una ballena las sardinas, el latino Saturno los hizo trizas en sus fauces. Mordisqueó sus carnes con el temor de poderes futuros; aferrado a la gloria muerta sobre la que se aposentaba.

Saturno devorando a su hijo (Goya)

domingo, 14 de julio de 2019

Creo que las historias eróticas se estructuran así

1. Párrafo de declaración de intenciones.

2. Introducción de protagonista o detonador del conflicto. Ejemplos:
  • Joven inocente que llega a la universidad.
  • Cincuentañera insatisfecha con su matrimonio.
  • Monja novicia que entra a un convento donde hacen cosas raras.
  • Un Highlander o incluso más de uno (apuesta segura).
  • Androide cachondo del futuro.
  • Extraterrestre salido (quizá también del futuro).
  • Deportistas que tardan demasiado en ducharse.

3. Enmedio pasa algo gradual para meter tensión a la par que se propicia la escena coyuntural.

4. Escena erótica que dure por lo menos un cuarto de la duración global de la historia.

5. Párrafo para rematar o epílogo, donde todo en la vida del personaje central esté mejor gracias a haber chingado.

martes, 25 de junio de 2019

[Microrrelato] El guardián entre las arenas movedizas

El Joven Delincuente Salinger renació en el 2000. Pudo publicar sus cuentos al instante, en un blog. Aunque podía publicar todo lo que quisiera en un millar de revistas digitales, le cubrió un maremoto de mediocridad. Sus cajas de libros no salieron del almacén de los libreros, pues ya había productos de mercadotecnia más rentables en el escaparate.

En una crisis, pensó: «Me tomaré un descanso.»

Pero sus dedos siguieron prendidos, la avalancha de modas caía más violenta, y ya no era el heredero del Rey del Bacon.

lunes, 17 de junio de 2019

La zona ponzoñosa: un caballo y su pasajero interrumpen su camino

La zona ponzoñosa (The poison belt) es una novela corta —o cuento largo— de Arthur Conan Doyle protagonizada de nuevo por el profesor Challenger. En El mundo perdido, ya había llevado a una partida de exploradores a una oculta meseta del Amazonas donde los dinosaurios todavía estaban allí. En esta ocasión, el excéntrico y simiesco científico da la voz de aviso porque el planeta Tierra pasará por una franja cósmica que promete barrer con la humanidad.

Sin ánimo de destripar el final por capricho, quiero comentar un acierto de Conan Doyle que justifica hablar del final de la historia.

El profesor y sus colegas se las apañan para evitar los efectos de esta zona de éter tóxico, por lo que logran llegar al siguiente amanecer y se encuentran un mundo de cuerpos inertes desperdigados por doquier.

Uno de los primeros caídos fue un caballo —símbolo de muerte— que tiraba de un carro. Pero a las seis y cuarto de la tarde, la mayoría de los supuestos cadáveres despierta. Entre estos recién renacidos se encuentra el pasajero del carro. Es un reportero americano que dará el remate a la aventura. Resulta que la mañana anterior, nada más leer la carta de Challenger publicada en prensa, se había puesto en marcha para entrevistarlo en su casita de campo. El éter lo alcanza a unos metros de la puerta.
Pareciera que llegó trágicamente tarde, pero en realidad era el único modo de que llegase a tiempo para ser el primer periodista extranjero en visitar al profesor.

El ataque de catalepsia paraliza a un personaje que no tenía ninguna función. Pero al día siguiente puede finalizar su recorrido y así convertirse en la mano que portará la antorcha al otro lado del mar.
Lo que antes fue un caballo débil y cansado, después del trance es un joven con curiosidad que siempre estuvo ahí. Sólo necesitaba llegar en el momento preciso del cuento.

sábado, 15 de junio de 2019

Teatro Deakí: cada cual con su mochila

No se sube al escenario hasta haber soltado la mochila. Cada cual trae su propia carga, y sólo se disuelve hablándola o guardándola. Por eso la clase suele tardar un minuto más en comenzar; pero una vez subes, el tablado se convierte en un panal zumbante de abejas. Todas volando en su propia dirección; vibrando más y más; reconociendo los caminos del resto, y reinventando uno propio mejor.

Ya nos hemos hecho con el espacio. Nuestras articulaciones han crujido y han cantado todo lo que podían. Lo que podían, pues hay quien no puede desplegarse de aquella forma imaginada. Hay mayores, hay jóvenes; hay quien viene a ver, y comparte lo que ya ha visto. Cada cual inspira y espira a su ritmo, ya estemos brincando, contemplando, o esperando sobre una silla.

Hoy no toca montaje. El guion está ocioso y se entretiene arrugándose las esquinas. Hoy toca taller. Cada uno se monta a sí mismo, con apoyo de todos. A cada minuto que pasa, los focos pierden más su función, pues la función verdadera se gesta por dentro.

Que conste en acta para los cínicos: jugar es muy divertido.
Desde una misma premisa, multiplicamos las perspectivas. Podemos revivir en una sola sesión a todos los Sherlock Holmes que conocíamos, y además a Herlock Sholmes.
Tras haber subido a lo alto del torreón, hay que descender. Aquí se respeta la importancia del epílogo.
Para bajar de nuevo al gentío, nos servimos de unas esterillas. Puede que sean estrechas, pero son nuestras alfombras mágicas. Nos tumbamos en ellas. Las luces también deben bajar. Respiramos por todas esas partes de nuestro cuerpo que nunca dicen yo.
Es la coda; no queda nada que hacer.

En estos momentos no echas de menos otra voz que no sea la del silencio. Te está acompañando, mirando al cielo. Estaba ahí.
Cuesta un poco regresar.

Bajamos del escenario, ya sin prestar tanta atención. Nos acordamos más de lo que viene después. Hay quien mantiene el contacto con el silencio también el resto de la semana. Puedas o no, siempre te queda otra sesión de teatro para soltar un momento tu mochila. Para volver a sentir tus propios hombros.

lunes, 10 de junio de 2019

Teatro leído: MEDEA

Medea, de Frederick Sandys (1829–1904)

No es la primera vez que mi club de lectura recita a Eurípides. Hemos llegado a leer Medea en la plaza del Callao, con unas túnicas blancas hechas de pancartas viejas. Fue cuando pasó Jaime Blanch y me vio disfrazado de Jasón. Me hizo ilusión haberlo hecho sentir como en El Ministerio del Tiempo.

Esta vez ha sido la que menos efectismos hemos preparado y la más memorable hasta la fecha.
El Espacio Vecinal Montamarta —al este de Madrid—, quiso celebrar sus cinco años de cinefórum proyectando la película Medea (1988) de Lars von Trier. Y sabiendo que teníamos Medea en repertorio, nos ofrecieron abrir la sesión con una lectura dramatizada.

Perdona, Eurípides, pero creo que una de las razones por las que nos salió tan bien fue porque quitamos una frase. Al final del todo, en lo más virulento —tremendo SPOILER—, el corifeo explica a Jasón que sus hijos fueron asesinados por Medea. Lo que Jasón responde tiene mucho sentido como acotación integrada en la acción; pero sinceramente, para el lector moderno queda risible.

JASÓN
¿Dónde los mató? ¿Dentro o fuera de la casa?

A ver, Jasón, ¿qué importará si fue dentro o fuera? ¡No te hagas el detective, ya sabes que lo hizo la madre!
En todas las ocasiones en que hemos leído la obra, traté de interpretarlo del modo menos gracioso posible, pero igualmente aquella frase de dentro o fuera sacaba una sonrisa en nuestro propio equipo. Esta vez, la tachamos. Y la corriente de pathos se disparó sin cortapisas.

Otro factor del éxito de nuestro acto fue la predisposición del público. Cuando la audiencia viene atenta desde casa, nosotros podemos probar técnicas más sutiles porque la mayoría las va a captar.

Quizá los disfraces jugaron en nuestra contra las otras veces.
El teatro, en cualquiera de sus formas, no es como el hockey, donde le das a un coso con un palo; el teatro se parece más al curling, porque tienes que andar barriendo frenéticamente delante del coso para que parezca que se mueve solo.

Pero el factor más importante fue que era una experiencia compartida. En otras ocasiones, el público estaba delante, al final nos decía que les había gustado, pero faltaba la catársis.
Hoy escuché a una señora sollozar levemente. No sé qué pensó el resto de mis compañeras, pero en ese momento me propuse hacerla llorar ríos. Sin obcecarme, entré en la emoción precisa. Esto ya no sería una mera introducción a la película. Nuestra lectura iba a ser como esas porciones de pizza que sirven antes de las cenas de boda para que no salgas con hambre. La gente no habría venido por ello, pero sin duda volverían a casa satisfechos porque el resto de la noche tuvo sentido.

miércoles, 5 de junio de 2019

Hablar o no hablar

—¿Tienen café con leche?
—Tenemos café.
—¿Y café con leche?
—También.

Algunos camareros hablan por hablar para aparentar un trato cercano. Yo prefiero al conserje nuevo que te saluda y gracias. No preguntarte por qué entras tan temprano es lo que prueba a un hombre de buena fe.

31 lecciones de mayo (o cómo volver a escribir)

1. También te puedes poner triste por haberte puesto triste.

2. Lo triste es ponerse triste por pensar que no debías estar triste.

3. No haces un favor al ofrecer un favor a quien das por hecho que lo debe aceptar.

4. Lo malo de contar cosas es que algunos sólo te quieren cuando cuentas cosas.

5. Los bocadillos son buenos, pero si te hundes en arenas movedizas no nutren igual.

6. Menos tango y más marineras.

7. Cambiaron las reglas sin avisar.

8. Nunca existió, era un personaje que le proyectaste encima.

9. Si no es una historia entretenida, en tu biografía te saltarás a tu verdadero primer amor.

10. Algunas amistades tampoco existieron.

11. La gente no debería saber cómo se apaga el aire acondicionado.

12. La gente no tiene por qué saber qué es la era Reiwa, pero si no lo sabe se lo explicaré.

13. La gente no saturará de spam un grupo de mensajería instantánea hasta que le recuerdes su existencia escribiendo algo importante.

14. La gente repetirá opiniones de cosas que ya conocen y los mensajes de información nueva se hundirán entre mensajes de cieguitos que cantan bien.

15. Molière es divertido hasta en los ensayos.

16. Hasta el ensayo general, se puede barrer con una garrota.

17. Las tapas de alcantarilla no son armas ridículas mientras no aparezcan en más de dos escenas por episodio.

18. Si te fijas, Sospecha de Alfred Hitchcock termina muy mal.

19. Si quieres ir con tu familia de senderismo por la tarde, hártate a correr por la mañana.

20. Los folletos de fiestas patronales sirven para saber por dónde no pasar.

21. Los asadores no están obligados a saber cómo se hace el café.

22. Los gerentes de personal tienen mucho poder; pueden lograr que un grupo de teatro tenga que sustituir al Jurado nº 10.

23. No importa si no escribes desde el primer día, parte de la magia de la literatura es que no sabes dónde te llevará.

24. Dicho esto, mejor será que se te ocurra una buena justificación.

25. Eventualmente, tus amigos entrarán a la política o se imaginarán que ya lo han hecho.

26. Saludar en el colegio electoral a un amigo con identificación oficial de cualquier partido es incómodo aunque simpatices con dicho partido.

27. Los tarros de vidrio de paté de hígado de cerdo no son lo más sano, pero lo demás está envasado con plástico.

28. Lo que más le importa a Jasón es si Medea mató a los niños dentro o fuera.

29. Está bien que un profesor te ponga un 10, pero mucho mejor es que un niño te ponga un 108.

30. A veces parece que hubieran vuelto normas antiguas.

31. Sólo es una prueba de mantenimiento.

viernes, 15 de marzo de 2019

Cuento publicado: "El increíble hombre invidente"

Dejé olvidado el blog un rato. He aquí un relato que me publicaron en agosto de 2017.
Su título original es el que corona esta entrada. Pero los de la revista Penumbria son buena gente y no les quería poner en un compromiso, así que en su edición nº 39 podrán encontrar:



¿Por qué firmé como Víctor Pinche Pintado? Otro experimento.

domingo, 10 de diciembre de 2017

SR 39 - I Encuentro Peakie en Madrid / Arthur Machen


Vuelve SR, con la última entrega dedicada a Twin Peaks (de momento).

El primer cuarto de hora reseña mi experiencia en el LET'S ROCK!, el I Encuentro Peakie de Madrid. A él acudimos una considerable bandada de seguidores de Twin Peaks para ver proyectadas tres horas de las dieciocho disponibles en la nueva temporada de Twin Peaks.

En los minutos restantes, enumeraré ciertas curiosas similitudes entre los motivos que utilizaba en sus relatos el escritor Arthur Machen y Twin Peaks.

SR 39



¡Con una careta de regalo!
¡Imprímela para jugar a historias de Arthur Machen!


miércoles, 26 de octubre de 2016

Calaverita para el Día de Muertos

Con pelucas, con postizos
de narices y otras cosas,
son horrendas y pasmosas
estas modas que hoy he visto.

Pues algunos, con provecho
de asustar a los incautos,
al llegar el día de autos
riendo se parten el pecho.

Son payasos en la noche
que intimidan o quizá
si les dejan correrán
por detrás de troche y moche.

Creo que es facilidad
—y no tanto afición—
de comprarse hecho el blasón,
pues de zombie caro está.

Yo prefiero de asustones
dos vampiros victorianos,
puntiagudos de Vulcano,
que payasos ya sin dones.


Víctor Pintado