Los cañones de Navarone sigue siendo popular en España porque se le puede hacer rimas.
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viernes, 20 de septiembre de 2019
jueves, 5 de septiembre de 2019
[Sueño] Colándome a base de elipsis
Era un sueño en el que hacía viajes imposibles en unos segundos. Paseaba por mi pueblo, iniciando por el extremo de una carretera que acaba en bosque.
De repente me daba cuenta de que estaba en un pasillo largo. Era un evento de cómics muy grande, con tres plantas llenas de actividad. Más que como un típico Salón del Cómic, con sus tiendas de Feria del Libro donde solamente te muestran lo que más se vende, la tercera planta era como una biblioteca. Sin tenderos que miren lo que estás mirando. Solamente estantes. Allí estaban clasificados adecuadamente todos los tomos y volúmenes editados, y no tenías más que pagar al final.
Uy, no había pagado la entrada.
Había viajado por una especie de elipsis narrativa y recién recordaba que yo había alcanzado el pabellón directamente desde el oeste —quién sabe si en forma etérea—, y por el oeste estaba abierta una ventana del baño. Del tercer piso. Tuve un poco de miedo de que me fuesen a detener a la salida por no llevar la —antigua— calcomanía en el dorso de la mano.
No me había colado por gusto. Es que las elipsis resumen y sintetizan todo lo que es posible. Si por el norte requería media hora de fila para comprar entradas y otra hora de otra fila para entrar al pabellón, y por el oeste había una ventana abierta, la elipsis tiende a entrar por el baño de la tercera planta.
Miré las estanterías un rato. Enseguida me aburrí, porque normalmente en los sueños no puedes leer. Digamos que miré un par de lomos de volúmenes con texturas neuronales pegadas de mis recuerdos de la biblioteca. Nada serio.
Iba a bajar a la segunda planta, cuando unos jóvenes improvisaron un juego que implicaba formar un muro de personas.
Tiré otra vez de elipsis y —no sé cómo, quizá por otro baño—, llegué a la calle de una compañera de teatro. Para entrar con un coche, su calle es la más rebuscada y la que requiere dar más vueltas.
Mis elipsis oníricas ahorran un montón de escenas aburridas.
Este sueño continúa en la entrada de mañana:
domingo, 1 de septiembre de 2019
Ejercicio buñueliano
En tiempos del surrealismo y el dadá, Buñuel y sus amigos hacían el experimento de entrar en una sala de cine a medias de la película y salir en el momento en que empezasen a entender algo. Las entradas no costaban 10 euros, pero creo que se entiende la intención.
Yo probé a ver el primer capítulo de una nueva serie japonesa. Normalmente veo estas cosas con subtítulos en inglés, porque aunque ya capto vocabulario, el japonés se me escapa a la mínima en que se pongan coloquiales.
Cuando te arrojas sin cuerdas a la información visual, puede que no entiendas qué están diciendo, pero todo se convierte en un misterio. Todo entra sin filtros que te protejan, tanto para lo malo como para lo bueno. Como todo está en otros códigos, te puedes abrir más a lo que te ofrecen, ya que sientes que es la primera vez que ves algo así.
Series como Twin Peaks trabajan esta concepción del misterio. Es posible que lo que tratan de contarte sea relleno para facilitar un estado de ánimo que te permita experimentar algo superior al final del capítulo.
Lo importante es poder rellenar tú los huecos, igual que cuando eras peque y no entendías algunas escenas pero no por ello te aburrías.
Yo lo veo como el ejercicio de profundizar en los detalles de un sueño. Con la diferencia de que un sueño no se recuerda bien y tiendes a añadirle detalles que se te han ocurrido después, y las películas se pueden volver a ver.
En un mundo donde los productos audiovisuales han dejado de ser pocos y doblados, existen más posibilidades de encontrar material exótico con el que ejercitar este tipo de contemplación. Puede que encuentres una posibilidad que no sabías que necesitabas. Puede que desengrases tus neuronas y después hiles mejor las cuentas. O puede que, sin más, encuentres tu nueva serie favorita.
Yo probé a ver el primer capítulo de una nueva serie japonesa. Normalmente veo estas cosas con subtítulos en inglés, porque aunque ya capto vocabulario, el japonés se me escapa a la mínima en que se pongan coloquiales.
Cuando te arrojas sin cuerdas a la información visual, puede que no entiendas qué están diciendo, pero todo se convierte en un misterio. Todo entra sin filtros que te protejan, tanto para lo malo como para lo bueno. Como todo está en otros códigos, te puedes abrir más a lo que te ofrecen, ya que sientes que es la primera vez que ves algo así.
Series como Twin Peaks trabajan esta concepción del misterio. Es posible que lo que tratan de contarte sea relleno para facilitar un estado de ánimo que te permita experimentar algo superior al final del capítulo.
Lo importante es poder rellenar tú los huecos, igual que cuando eras peque y no entendías algunas escenas pero no por ello te aburrías.
Yo lo veo como el ejercicio de profundizar en los detalles de un sueño. Con la diferencia de que un sueño no se recuerda bien y tiendes a añadirle detalles que se te han ocurrido después, y las películas se pueden volver a ver.
En un mundo donde los productos audiovisuales han dejado de ser pocos y doblados, existen más posibilidades de encontrar material exótico con el que ejercitar este tipo de contemplación. Puede que encuentres una posibilidad que no sabías que necesitabas. Puede que desengrases tus neuronas y después hiles mejor las cuentas. O puede que, sin más, encuentres tu nueva serie favorita.
sábado, 10 de agosto de 2019
[Microrrelato] Shining Duvall
jueves, 8 de agosto de 2019
Yojimbo / Por un puñado de dólares
Vista Yojimbo (A. Kurosawa), me animé a ver Por un puñado de dólares (S. Leone) para fijarme en las similitudes y diferencias. Ya las había visto hace años, pero sin la percepción que poseo ahora.
Me gustan por igual.
Yojimbo es una joya eterna. Tiene lo fascinante de ser la adaptación primerísima de la novela original. Adoro las películas en blanco y negro, porque como te muestran la pura señal de luminancia, se esfuerzan en preparar una iluminación más contrastada. Todo se ve con menos «sabor», pero con una muy superior textura y nitidez.
En cambio, lo que me más gusta de Por un puñado de dólares es cómo no es una copia sin esfuerzo, sino que aspiró a corregir en su guion las partes más flojas del original.
Un ejemplo: el gringo está encerrado y aprovecha los elementos con los que está preso para atacar a los guardias. ¡Qué listo! Puede no convencerte cómo aprovecha esos elementos, pero al menos no ha hecho como el de la japonesa, que nada más se mete en un arcón y los guardianes se van a buscarle dejando la puerta abierta.
Otro ejemplo: en Yojimbo, Sanjuro vuelve tras haber devuelto a la mujer secuestrada con su familia. Pero a la otra escena se delata porque el marido había vuelto para dejarle una nota de agradecimiento. Una nota con las letras bien grandes, que los malos leen. Ya te habías alegrado por la familia salvada, pero la torpeza del marido hace que el bueno reciba una paliza. Por su parte, Joe regresa de haber reunido a Marisol con su familia; pero los malos estaban esperando en el dormitorio, donde se supone que estaba durmiendo.
No son sorpresas gratuitas, sino reveses necesarios para que el protagonista siga estando en peligros imprevistos. Estos cambios le dan vida a la historia, apuntando a un virtuosismo aún mayor y permitiendo que incluso los que conozcan el filme de Kurosawa sientan un poco de emoción ante la incertidumbre. ¿O acaso Juego de tronos habría tenido emoción de haber sido una sitcom de los 80?
En cuanto a los finales, disfruté bastante más el de la nipona porque Back To The Future me estropeó el final de Por un puñado de dólares. Sabiendo la estratagema de «¡Dispárame al corazón!», se me hace bastante más catártica la batalla de espadas.
Además, se agradece que en la japonesa también aprenda una lección el muchacho de la primera secuencia. Te da que pensar. ¿Y si el objetivo ulterior de todo el revuelo de Yojimbo sirve para encauzar a ese joven a una vida decente?
Dos joyas únicas. Puestas en perspectiva, tan importante la una como la otra. Si pongo en la cabecera el remake, es puramente por la música de Ennio Morricone.
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