jueves, 25 de febrero de 2016

[Reseña] La chica que saltaba a través del tiempo

Originalmente publicada en SoyFanático.cl 
el 4 de agosto de 2015.




Al comienzo de La chica que saltaba a través del tiempo (Toki wo Kakeru Shôjo, 2006), no puedo evitar recordar Haru en el reino de los gatos. Haría una reseña conjunta, pero opino que esta última película, del Estudio Ghibli, es más maravillosa cuanto menos sabes de ella.

Ambas tratan de una estudiante con sus problemas de adolescente del Primer Mundo:
—¡Mi hermana se ha comido mi flan! ¿Por qué me pasa todo a mí?

"Tendré que conformarme con este bocata de tres metros..."
Y sí, parece que todo le pasa a Makoto. Hasta que un día descubre que puede viajar en el tiempo, y comienza a saltar al pasado para corregir lo que considera circunstancias arbitrarias, o errores de los demás que no merece sufrir.

"¡Ahora me comeré mi flan! ¡Yo! ¡No mi hermana! ¡Yo!"

Llega incluso a reiniciar secuencias enteras para intervenir de modo que quede como la Boss.

"¡Y mis padres me dieron paga diez veces!"
La única persona a quien se lo cuenta es a su tía, un personaje muy interesante. Resulta que esta película en realidad prosigue la trama de una novela homónima de 1967. En ella, Yasutaka Tsutsui narró la historia de la tía de Makoto, una mujer que restaura piezas de museo, una de las cuales dará un juego insospechado hacia el final.
Es gracias a esas conversaciones con su tía que, pasada la euforia, Makoto se da cuenta de que las desgracias que ella esquiva afectan a los demás.



Y para colmo, el amor se cuela entre ella y un amigo. Es entonces cuando ve que siempre hay que tomar decisiones sin caer en la tentación de retroceder. Cosa que ella hace unas cien veces.



La animación es muy fluida. Una persona con muy mala vista podría confundirla con una película de acción real (de hecho, así es la secuela, protagonizada por la misma actriz que puso la voz). Pero a mí me da la impresión de que el proceso de animación debe haber sido demasiado mecánico. Vemos pocos planos en los que los movimientos terminen de tener una identidad, como sí pasaba con los personajes de Miyazaki (ver Conan, el niño del futuro). Y los planos donde se aprovecha el medio para plasmar una escena que resultaría complicadísima de filmar en acción real (el paso a nivel del tren), se ven extraños, casi como si estuvieran fuera de lugar en una historia tan naturalista.

Sin embargo, lo más importante de cómo está realizada es que la animación nunca te distrae de la trama. Una trama sólida, de las que nunca anuncian por la tele. Una fábula sobre la responsabilidad de los pequeños gestos, con personajes de una inocencia cargada de crueldad; con Historia del Arte, con un ecologismo soterrado, con una referencia sutil a Los 400 golpes de François Truffaut, y una más sutil aún a la caja de Schrödinger. La chica que saltaba a través del tiempo tiene todo esto, salvo un romance que vaya a germinar durante más de un minuto. Porque, por supuesto, Makoto debe saltar al pasado una vez más.
A por su flan.

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