jueves, 25 de febrero de 2016

¿Hacemos un anime?

Originalmente publicado en SoyFanático.cl
el 10 de noviembre de 2016.



Cuántas veces habré escuchado decir...
—Oye, si Bleach triunfó y sólo va de unos niños jugando con lejía, ¿por qué no puedo crear yo mismo una serie de animación?

Primero: Bleach no trata de niños jugando con lejía; aunque sería una buena justificación de por qué ven a un peluche hablando.
Y segundo: Producir un anime es bastante complejo. Por eso hoy daremos unas pistas de cómo podríamos hacer un éxito seguro.

Probablemente quieras hacer una historia sobre una sacerdotisa que abandonó el camino de la paz por el de la violencia extrema en pos de una república o de una dinastía real.
Bien. Te va a faltar presupuesto. Una recomendación muy importante es que esté dirigido a toda la familia, que puedan verlo nenes y abuelos. No les pongas a unos soldados que luchan contra gigantes dentudos, porque a los niños les va a dar miedo y a los mayores les va a reactivar el síndrome post-traumático.
Una vez puedas penetrar en los hogares y los corazones de todos los habitantes de la casa, presenta el merchandising: figuras, discos, ropa, almohadas, anillos, y todo lo que se te ocurra.

Haz unos personajes tan simpáticos que den ganas de chuparlos.
Aparte de la mercadotecnia, las ediciones domésticas ayudan a medio y largo plazo. ¿Recuerdan el anime de la niña que tenía una doble en internet que se hacía la malota? ¿Present day, present time? Si se hubiera emitido pensando en los beneficios a corto plazo, como en occidente, hubiera durado dos semanas. Pero Serial Experiments Lain continúa todavía teniendo ganancias en DVD y Blue-Ray. Jugando bien las cartas, todos los animes pueden ser un éxito. Algún día. A largo plazo. Y con ayuda de las licencias internacionales.
Los animes en Japón sirven para rellenar huecos de baja audiencia. A las cadenas no les importa no ganar con ello. Son miembros del comité, lo saben.

Entonces, ¿quién sigue encargando anime? ¡Otros miembros del consejo!
  • Las productoras discográficas, que quieren vender música y promocionar a sus artistas.
  • El Macdonalds, que quiere que te diviertas con ninjas gringos que se transforman con un shuriken hamburguesa.
  • Y los editores de manga y tal. Estos son los peores, ya que desean que existan productos derivados de sus publicaciones para que hagan la función de anuncio y queramos comprarlas. La primera adaptación de Full Metal Alchemist podría haberse pausado un poco, o postergado. Pero no, siguieron por la tangente inventándose todo. Lo único que se salvó con dignidad fue la música (gracias a la discográfica). En el caso de Neon Genesis Evangelion, anime original, se desarrolló la adaptación a manga. En el caso de Dragon Ball Super... realmente no sé quién sale ganando.
Cada miembro del comité de producción tiene su propio interés. Y por eso, para los optimistas, los animes cubren tantos campos artísticos al mismo tiempo.


Extrapolemos la lección. Necesitamos unos mecenas que quieran vender sus productos a través de nuestro anime. Tendremos que hablar con ese grupo de amigos de un conocido que han grabado una maqueta.
—Ustedes cantan el opening, nosotros dibujamos el resto. Todos ganamos.

También habrá que hablar con el kebab de la esquina.
—La serie tratará de un cazador de terneras que compite con un cazador de pollos por ver quién es el mejor. Todos ganamos.

Y finalmente, sabiendo que la situación editorial es distinta en Japón, nos convendrá negociar con la masa más necesitada de promoción: los escritores de internet.
—Verá, su ebook tiene muchas posibilidades, y como es todo diálogos, podemos empezar enseguida. Pero nos gustaría reducir la trama de la bailarina e introducir otra de dos cazadores que suministran a una carnicería turca y usan unos dürum como nunchakus. Todos ganamos.

Sólo queda repartir ganancias con las distribuidoras y con la tienda que te haga los llaveros.
Y tú dirás que dónde quedó la creatividad.
¿Acaso hay más creatividad que inventarte la historia basándote en el Kebab que te auspicia?

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